Tucker, a quien le gustaba esconderse en un rincón y cantar, y Ron, el chico que anhelaba las estrellas y los lugares lejanos... Dos almas solitarias que, al encontrarse, dejaron de estar solas. Y, aun así, cien años a veces pueden ser demasiado pocos, y a veces, demasiado. Decirse adiós es no volver a encontrarse jamás.
En el juego
Contenido grabado: el recuerdo más preciado de Tucker.