Los Antiguos y la Llama
Dulces sueños
Trasfondo de las páginas «Los Antiguos y la Llama» del diario: 2 entradas, se leen en 2 lugares (Bosque del Deleite).
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Los humanos poseen, entre otras peculiaridades, una costumbre fascinante. La llaman "soñar".
Soñar; verbo. Se define como una actividad involuntaria realizada de manera subconsciente al dormir. Los sueños, es decir, las secuencias de imágenes mentales que experimenta el soñador; sustantivo, presentan cualidades diversas y ofrecen una notable riqueza de experiencias.
Pueden ser aterradores (véase la categoría "pesadillas"), entretenidos, desconcertantes o apacibles. También pueden seguir una lógica propia, paralela a la del mundo consciente, aunque no necesariamente comparable a ella.
Llevo tiempo intentando participar en esta tradición humana, pero cada vez que me dispongo a descansar me resulta imposible producir un sueño. He seguido todos los procedimientos conocidos: cerré los ojos. Intenté contar animales lanudos, pese a que no había ninguno presente. Sin embargo, aquellas extrañas imágenes cambiantes nunca llegaron a aparecer. Los "sueños" parecen ser un fenómeno completamente ajeno a los Antiguos.
Tal vez debería investigar la categoría de las "ensoñaciones diurnas".
Hay una actividad recreativa en particular con la que los humanos parecen "soñar" antes de dormir, o incluso mientras duermen.
Después de estudiar todas las ilustraciones que he encontrado (que son sorprendentemente numerosas), he llegado a la conclusión de que consiste en una especie de... ¿ejercicio gimnástico cooperativo de carácter coital y con una alarmante escasez de ropa?
He decidido ensayar el ritual de cortejo que suele preceder a dicha actividad. Me pregunto si un humano recibiría estas palabras con agrado.
Tu piel humana posee una suavidad comparable a la de la seda; la textura más satisfactoria que soy capaz de imaginar. Mis orificios auditivos encuentran agradable el sonido de tu voz, que, en términos estrictamente acústicos, es para mí como la miel (hablando solo en sentido figurado). Tu proximidad hace que mi temperatura corporal aumente hasta situarse apenas por debajo de la de una fiebre corriente, circunstancia que, curiosamente, no me alarma, sino que despierta en mí un notable interés. Y, por encima de todo, encuentro fascinante el ritmo con el que se balancean tus caderas.
Sigo sin dar con el encanto poético que estas palabras deberían transmitir... Aunque, al menos, escribirlas ha tenido su gracia.
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