Los Antiguos y la Llama
Legado de los Antiguos
Trasfondo de las páginas «Los Antiguos y la Llama» del diario: 1 entrada, se lee en 1 lugar (Cumbres del Albaneve).
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Hace mucho tiempo, perdimos un fragmento de nuestra estrella. Surcó el vacío, dejando una brillante estela en la oscuridad, hasta desaparecer de nuestra vista. Un destello que pasó de ser algo a no ser nada... La luz de los fantasmas, el recuerdo del hogar. Aquel espectro se convirtió en explorador, pues acabó estrellándose contra un planeta de lo más prometedor. Formó el corazón de Valle Ascua, iluminando una cavidad en la que el agua de lluvia se acumuló y la vida comenzó a florecer.
Un primer hallazgo fascinante. Un caleidoscopio de posibilidades. Teníamos que contemplarlo con nuestros propios ojos.
Firmes e imperturbables, las montañas gemelas nos permitieron entrar. Tomamos muestras, registramos cuanto pudimos y saboreamos cada descubrimiento antes de volver la mirada al firmamento... Entonces los guardianes de la creación nos impidieron marcharnos y cerraron la puerta situada en el núcleo carmesí. Suplicamos. Rogamos. No fue suficiente.
Fuego, fuego, pira ardiente. Abrimos un agujero en el cielo con nuestras llamas. El desastre que provocamos permitió que la luz de la luna descendiera, que nos alcanzara... Encadenando el mar de estrellas dentro de un mármol suspendido sobre nosotros como una burla. Casi podían imaginarse sus manos extendidas, tratando de aferrar aquello que no puede, ni podrá jamás, tocarse. Estaba fuera de nuestro alcance. No fue suficiente.
Entonces volvimos la mirada hacia nuestro interior. Hacia las profundidades. Buscando en el núcleo una fuente más allá de la Llama y la Chispa. Fue allí donde lo encontramos. Otro sujeto más al que diseccionar. El fruto podrido de las mil semillas, dormido, pero que aún respiraba... Luego despertó, agitándose y alargando sus zarcillos. Lo dejamos enterrado, sellado bajo palabras de advertencia y capas de suciedad.
No éramos suficientes.
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