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Un arte poderoso
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Contenido del libro
Un tratado para los instruidos en las artes arcanas
El dominio de un mago sobre el poder divino es algo que crece. Al principio es solo una frágil semilla, lanzada a un vasto campo de potencial. Debe cuidarse con mimo para que no se marchite. Sin embargo, cuando la semilla echa raíces, cuando el retoño prosigue su crecimiento, se despliega con esplendor y revela la promesa que contenía inicialmente.
Día tras día, crece y llega más alto, al igual que el mago receptivo. Aunque al principio sus poderes sean escasos, con el tiempo florecerán para revelar una fuerza cuyos límites no se pueden discernir antes de alcanzarlos. Llevar este poder a su cota de perfección es el deber sagrado de cada mago, porque su semilla, sembrada por los mismos dioses, se cuenta entre los mayores dones que puede recibir un mortal.