A Ede se le considera como la entidad gerente, protectora y promotora del país de los deseos; como tal, entrega entradas sin cesar a toda la gente con quien se encuentra.
Ya sea humano o aberración, cualquiera que toque uno de sus globos de colores se transformará en un "cliente".
El cuerpo enorme, aberrante y trajeado de Ede está lleno de una alegría desbordante e irreprimible. La mayoría de los ataques no suponen una amenaza, porque simplemente los absorbe.
El único modo de ahuyentar a Ede es aprovechar el momento en que está (o mejor dicho "están") pensando y reventarle el globo que brilla y se balancea sobre su cabeza.