En este nuevo mundo, hasta los humildes pulgones sucumbieron al cálido abrazo de la astroceniza.
Este modesto insecto se transformó en una devoruga infectada, dio la espalda a su vegetarianismo y ahora arrastra sus voraces entrañas para atacar a criaturas ricas en proteínas. Cuando identifica a su presa, se engancha a ella con sus piezas bucales y le chupa la sangre y la carne, como si la absorbiera por un sorbete.
El estómago de las devorugas está hecho de una membrana flexible que se puede expandir para convertirse en una esfera capaz de contener una cantidad de comida superior a varias veces su peso, que luego comienza a convertirse en astroceniza. Durante este proceso, el abdomen rojo y morado de la criatura se parece mucho a una flor en pleno desarrollo.