El maniático calcinado muestra obvios signos externos de mutación, lo que indica que se convirtió en algo menos que humano. Y aun así, de vez en cuando, se ven destellos ocasionales de la persona que fue si lo miras de cerca. Esta es la primera fase de la transformación que sufre un humano que ha sucumbido a la astroceniza.
Los maniáticos calcinados poseen músculos marchitos, piel ulcerada, largos brazos hiperplásicos, piernas debilitadas, ojos nublados y una mandíbula retorcida. Estos tipos parecen llevar algo del valle inquietante en ellos mismos.
Gracias a sus drásticas mutaciones físicas, los maniáticos calcinados solo pueden lanzar ataques de una forma muy primitiva: siguen un método sencillo pero peligrosamente infeccioso.
Impulsados por la compulsión de atacar, los maniáticos calcinados ayudan a propagar la infección de la astroceniza. Cualquier herida leve que causen puede reclutar a un humano en sus filas.
Lo último que verás de un maniático es una enorme y brillante esfera de astroceniza. Después de eso, la identidad del maniático se perderá para siempre.
A medida que el maniático se transforma, la astroceniza va descomponiendo su cuerpo poco a poco. Se volverá delgado y demacrado, pero seguirá conservando una parte importante de sus funciones cerebrales, y hasta puede mostrar algún comportamiento que tuviera en su antigua vida. Por ejemplo, los maniáticos saben que no deben entrar en los asentamientos humanos, y a veces emitirán sonidos parecidos al habla humana.
Estos comportamientos humanos residuales dificultan un poco acabar con estas criaturas.