Los maniáticos calcinados se convierten en mordedores a medida que la astroceniza va adentrándose en su huésped. Cuando se llega este punto, la mayor parte de los rasgos humanos desaparecen, y solo el torso conserva su antigua forma humana.
Una vez que la astroceniza devoró por completo su tejido corporal, al mordedor lo dominan unas ansias insaciables de dar caza a otros entes físicos para que la astroceniza pueda seguir alimentándose.
Los mordedores, en parte, reciben su nombre debido a esta hambre sin límites.
El principal anhelo del mordedor es la expansión de la astroceniza: ya hace mucho que olvidó cualquier otro instinto humano residual. Los mordedores también hacen gala de una gran agresividad hacia cualquier otra criatura que esté cerca de ellos, y cuando atacan, normalmente tratan de desgarrar la carne del enemigo o lanzan fluidos emitidos por sus tejidos.